Para los que aún se preguntan qué es lo que pudo llevar a Cuba al marxismo y al aislamiento y miseria que allà se respira, les remito al libro “Cuba: génesis de una revolución”, escrito por Ramón Eduardo Ruiz, doctor en Historia por la Universidad de Berkerley y especialista en la problemática de los paÃses latinoamericanos.
Según este autor, la Revolución cubana, liderada por Fidel Castro, surgió cuando la isla era más próspera que nunca, pues su renta “per cápita” en 1956 alcanzaba los 336 pesos, que andaba a la par con el dólar, (en 1945 era de 120,9 pesos), aunque bien es cierto que la que tenÃa el estado de Mississippi, que era uno de los más pobres de los Estados Unidos, era de 829 dólares. Pero comparados con los demás paÃses latinos, Cuba era rica.
Pero habÃa un hecho que los auténticos nacionalistas cubanos no podÃan asimilar y menos tolerar. Desde que Cuba obtuvo la independencia en 1898, con la interesada ayuda yanqui, la principal industria cubana, el azúcar, estaba en manos norteamericanas. Ramón Eduardo Ruiz afirma que la generación que habÃa conseguido la independencia tuvo que aceptar la soberanÃa limitada que Estados Unidos les ofrecÃa. “La juventud de los años 50 vivÃa en una sociedad de intelectuales alienados y de polÃticos fracasados, a quienes habÃa manejado Fulgencio Batista, y de señores feudales de la economÃa que habÃan hecho las paces con él”, asegura Ruiz.
Asà que la lucha de Castro, del que no se conocÃan antecedentes comunistas y que adoptó en 1961, no representaba ninguna ruptura brusca con el pasado, sino que fue el punto culminante de una larga lucha histórica, el éxito definitivo con que habÃa soñado el pueblo que comenzó a luchar en el siglo XIX.
A Castro, que era hijo de un hacendado, y por tanto vivÃa muy bien, le repugnaba la dependencia casi total de la República de Cuba con respecto a los Estados Unidos. Este paÃs habÃa ayudado económicamente a Cuba, pero la tutela extranjera habÃa tenido un “efecto deletéreo” sobre la mentalidad cubana.. Un efecto mortÃfero que engendró en la juventud frustración y rabia “en cuanto a la incapacidad de la isla por recorrer por si sola la senda que conducÃa a la nacionalidad”, subraya el autor mencionado.
Además, Estados Unidos habÃa intentado en varias ocasiones apoderarse de Cuba, como punto estratégico en el Caribe. España rechazó las propuestas norteamericanas. Puerto Rico, más pequeña y menos productiva, después de la pérdida de las últimas tierras españolas en América, pasó a ser colonia estadounidense, y luego, Estado Libre Asociado, que no es ni libre ni asociado. Allà mandan los Estados Unidos. Y punto.
Cuba tuvo que aceptar, cuando logró su “independencia”, la llamada Enmienda Pratt, que restringÃa la libertad de acción de la isla.
De todos es conocida la obsesión anti-norteamericana de Castro, y el temor al “imperialismo”.pero no fue el primero que explotó ese sentimiento. Lo habÃan hecho también con anterioridad a su revolución casi todos los intelectuales de la isla, que culpaban a su poderoso vecino de todos sus males. Por cierto, muchos de ellos, que tanto criticaron a Estados Unidos, se fueron a vivir a Miami, y a otras del imperio.
Paradójicamente, ninguna república de habla hispana mostraba tanto interés por las costumbres y los productos como Cuba. En esas seis décadas de independencia parece que existÃa entre la clase polÃtica y el mismo pueblo cubano una prisa por enterrar los vestigios de la tutela y la cultura española, producto de cuatro siglos de dominio.
Ramón Eduardo Ruiz resalta que Cuba era la más norteamericana de las antiguas colonias españolas, cultural, económica y polÃticamente hablando. Y desde el punto de vista religioso, las más destacadas sectas cristianas norteamericanas campeaban a sus anchas en la isla, en detrimento de la iglesia católica.
Esta afinidad histórica de Cuba con la América “anglo” databa de dos siglos atrás, cuando en 1762, la Royal Navy británica se apoderó de la Habana 1n 1762. La isla prosperó; se introdujeron nuevos métodos de investigación cientÃfica; el concepto de tolerancia religiosa; llegaron las primeras logias masónicas y se propició el comercio directo con Europa y con las colonias británicas.
Asà que entre la población existÃan dos sentimientos contradictorios. Por una parte, el temor a Estados Unidos, y por otra, la admiración hacia esa nación, de manera que copiaron muchas de sus costumbres y formas de vida.. La Habana parecÃa más una ciudad norteamericana que cubana.. Los mismos coches, (que todavÃa conservan muchos de los que no pudieron salir de Cuba, por la falta de medios para comprar “carros” nuevos) los casinos, los espectáculos, la atracción por el béisbol, la mafia metida en sus negocios sucios, etc. Y hasta admiraban “su superioridad racial” y la fuerza bruta de la que hacen gala los americanos del norte cuando es para defender sus intereses y ven amenazada su seguridad.
Sin duda Cuba se benefició de la alianza norteamericana, alcanzando su punto álgido la industria nacional del azúcar; se construyeron ferrocarriles, carreteras y puertos
La misma constitución cubana fue modelada en 1940 conforme al prototipo norteamericano. Era la nación más capitalizada de la América Latina y el segundo en cuanto a reservas de oro y comercio exterior. En realidad se seguÃa la tesis de Eisenhower que decÃa que “una ilimitada inversión privada era el camino de la salvación para América Latina”.
Aunque mencionaba antes la renta per capita, bastante subida, con respecto a otros paÃses latinoamericanos, debo aclarar también que los cubanos de aquella época no constituÃan una sociedad equilibrada en el aspecto económico. ExistÃan los pobres en la isla pero “no tan ignorantes que no pudiesen vislumbrar para sà una vida mejor, en el caso de que se realizasen ciertos cambios estructurales”, escribe Ruiz. “HabÃa escandalosas desigualdades en la distribución de la riqueza, especialmente entre la ciudad y el campo y entre los blancos y los negros”, comentaba el norteamericano Arthur Schlesinger, Jr.
La tutorÃa del estado en todos los campos de la producción en Cuba, y el estado policial y represivo no ha traÃdo la prosperidad a isla y a su población. Cuba es hoy un paÃs pobre y miserable. Un paÃs del tercer mundo. De nada les ha valido a los cubanos tanta escuela, tanta universidad, tanta cultura, tanta medicina prodigiosa, si luego no existen el respeto a los más mÃnimos derechos humanos y se ganan sueldos de miseria.. El comunismo ha fracasado. Castro no querÃa que se reinstalasen en Cuba los yanquis, pero buscó la colaboración de dictaduras comunistas y de naciones que iban a la bancarrota.
Tal vez si se hubiese roto el poder monolÃtico del estado; si hubiese abierto la mano y permitido la libre empresa, el respeto a los derechos humanos, la libertad de expresión y la participación de diferentes opciones polÃticas, habrÃa encontrado la ayuda de la Europa comunitaria, quizás “más humana” que la del vecino del norte. Ahora se abre una puerta a la esperanza. Obama no parece tener la perfidia de Bush, y tratará de que mejoren las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, desmantelando el bloqueo y tratando con consideración a los cubanos que han quedado dentro de la valla comunista. Pero el paÃs caribeño tendrá que dejar a un lado su obsoleta revolución, sin perder por ello su dignidad, y mirar hacia el futuro, si no quiere convertirse en un nuevo Haità del Caribe, la nación más miserable de América.

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