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3 comentarios
Hace muchas décadas que la economía es más que una preocupación para los millones de seres humanos que sólo han conocido la miseria, el hambre y la pobreza en su vida. Para unos cuantos millones menos, los que viven en los llamados países desarrollados, esa amenaza ha pasado de ser la otra verdad incómoda que sólo veían en televisión, para en los últimos seis meses meterse en sus propias vidas; ha dejado de tener patente africana, asiática o latinoamericana para mostrársenos con toda su crudeza como realidad cercana en una Europa y América ahora indigestas a causa de su propia opulencia y ambición.
Hoy, mientras los padres de este capitalismo inhumano buscan majaderamente el parche necesario para mantener vivo unas cuantas décadas más este modelo económico y social lleno de imperfecciones, el resto de la humanidad parece estar esperando una solución que muchos creemos debe ir más allá y tener como fruto toda una revolución cultural que acabe con la crisis de valores, principios y comportamientos que han terminado por generar este crack económico y financiero a escala global.
Al Gore les repetía hace unos años a los más prestigiosos economistas mundiales, que teníamos que plantearnos seriamente que el planeta no podía seguir con esta economía, sencillamente porque a ese ritmo pronto no habría planeta y por ende tampoco economía. Tal vez esta crisis, aún dentro de los dramas sociales que ya está generando, pueda ayudar a tomar conciencia real de la necesidad imperiosa de esa otra economía, al menos habida cuenta de en lo que se ha traducido ésta que hoy nos atenaza.
Es cierto que nadie se atreve a ponerle fecha de caducidad a esta crisis, como lo es también que la actitud para afrontar la situación es tan determinante a la hora de ponerle freno y revertir su tendencia, como las medidas que se aporten desde distintos foros mundiales. Parece más inteligente por tanto la unidad que los enfrentamientos, la altura de mira que las mezquindades, la positividad y el trabajo que el fatalismo y la siembra de un discurso apocalíptico que no contribuye en nada a solucionar los problemas.
Como ejemplo de una u otra actitud se pueden destacar en clave idónea los pasos seguidos por la nueva administración norteamericana y tristemente en la otra, la de unos partidos estatalistas españoles que andan más enfrascados en marrullerías varias que en volcar todas sus energías en lo que realmente ahora importa.
Corren tiempos en que no se debe de perder la perspectiva, ni la global ni la local, pero lamentablemente hay quienes a conciencia pretenden confundirlo todo, actuar desde conductas irresponsables que, incluso con la que está cayendo, sólo persiguen nadar contracorriente; desear que todo vaya a peor sin meditar las consecuencias, confundir y sembrar un mensaje decadente en busca de no se qué electorado en tiempos que obligan precisamente a estar por encima de eso.
Por el contrario y ante la dimensión del problema, hay quienes hemos apostado por seguir convirtiendo en hechos la esperanza, por seguir ganando recursos para levantar nuestra ciudad, por no perder nuestras energías en más crispación y sí en trabajar para dar respuestas a esta comunidad. Nosotros seguimos llamando a arrimar el hombro aunque otros prefieran los codazos, seguimos empeñados en aprovechar las oportunidades que se abren para conseguir nuevos logros para Telde, en vez de perdernos en las mediocridades de una crítica que ni es constructiva ni la anima nada que tenga que ver con el interés general.
Por eso seguimos creyendo que una actitud positiva y luchadora es la más decente en estos momentos. Con seguridad, mil veces mejor que la que otros emplean y que no aporta más que derrota, frustración y fatalismo a los ciudadanos. Hay que seguir organizando la esperanza, acercando la utopía, enfrentándonos a la situación aunque podamos cometer errores, porque lo contrario sólo es cobijo para los cobardes, los mediocres y quienes no ven más allá de un puñado de votos o de euros. Telde, pese a la crisis, sigue recuperando su pulso y quien analice objetiva y comparativamente su evolución seguro que coincidirá con quienes seguimos afortunadamente siendo mayoría en esta ciudad.
Francisco Santiago Castellano es alcalde de Telde
2 de Marzo de 2009 a las 13:22
Yo he nacido vivo en La Ciudad de Telde. Vivo en el popular barrio de San José de Las Longueras, y a mucha honra. Referente al primer comentario me gustaría añadir que la situación es insufrible, mi hijo trabaja de vigilante de noche, y aunque he puesto doble ventana, cada vez duerme peor por el problema de estos vendedores ambulantes. Esto es cada 20 minutos un panadero haciendo imposible la vida a los bebés que duermen o los trabajadores, que son muchos en este municipio que trabajan en turno de noche. por favor hombre, haga algo por su pueblo.
2 de Marzo de 2009 a las 09:34
Si lo que estan organizando lo van a llevar a cabo ustedes los de NC y el PSOE, aviados vamos, tendremos crisis hasta el final de los siglos. El cinismo es lo más irreverente que se pueda dar, y usted de eso sabe mucho. Atienda a su pueblo como debe ser y dejese de milongas.
1 de Marzo de 2009 a las 14:57
NO HA PUESTO USTED FIN AL PROBLEMA DE LOS PANADEROS QUE CADA DÍA Y DESDE LAS 7 DE LA MAÑANA VAN POR NUESTROS BARRIOS HACIENDO SONAR DE FORMA ESCANDALOSA SUS BOCINAS.
Y PRETENDE SOLUCIONAR EL PROBLEMA ECONOMICO DEL MUNICIPIO. ANDA YA ¡¡¡