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Séptimo en una familia de nueve hermanos, Michael Joseph Jackson nunca fue un niño más. Su padre, un humilde obrero aficionado a la música, contagió esta pasión a sus pequeños, aunque con alguna que otra reticencia: su guitarra eléctrica estaba ‘prohibida’ para ellos. No obstante, su autoridad fue pasada por alto y lo que en un principio era una travesura sin importancia se convirtió en la solución a sus problemas económicos.
El cabeza de familia decidió formar un grupo con cuatro de sus hijos, pero entre ellos aún no se encontraba la futura estrella, que por entonces sólo contaba cuatro años. Aún así, no dudaba a la hora de ponerse a tocar los bongos. Hasta que un día su madre, sorprendida, encontró al pequeño cantando, y fue imposible ignorar su talento. Finalmente, se convirtió en el cantante del grupo con sólo cinco años. El grupo se denominó Ripples & Waves, más tarde Ripples & Waves Plus Michael y, el definitivo The Jackson Five
Su consagración se produjo con la publicación de su album “Thriller”, publicado en 1982, lo que hizo que pasara de estrella del pop a rey del pop. Con más de cien millones de copias, es el disco más vendido de la historia. Buena parte del éxito de este trabajo tuvo mucho que ver con el videoclip de 13 minutos, dirigido por John Landis, que ilustró el tema principal del álbum y donde el artista baila rodeado de zombis. La duración, coreografía y el ya mítico paso de baile ‘moonwalk’ revolucionaría las discotecas y la industria discográfica. ‘Thriller’ consiguió ocho premios Grammy.
El cambio de siglo vino unido a su decadencia. Sus indiscutibles éxitos musicales dieron paso a sus cada vez más publicitadas excentricidades. Su evidente cambio de color, sus excesivos gastos, sus cirugías estéticas, todo ello eclipsaba los intentos de resurgir del cantante.
Michael Jackson se pasó gran parte de su vida intentando ser blanco cuando millones de seres humanos en el mundo se exponen al sol para hacerse más negros. Fue un artista indiscutible pero muy cuestionado como ser humano. Rico, famoso desde muy niño, admirado por casi todo el mundo pero… completamente solo porque quizá vivió siempre de forma acelerada y apartándose de la normalidad
Le suele ocurrir a muchos ídolos caer en la soledad a pesar de ir y venir rodeados de allegados, mediocres, adulones, presentes o futuros enemigos. La soledad del ídolo está llena de gente, de una increíble multitud guiada por los más variados, explícitos u ocultos intereses.
Los ídolos suelen estar instalados en un edificio endeble, con frecuencia lleno de grietas que se ocultan a la vista mediante diversos procedimientos de parcheo. El ascenso a las posiciones de ídolo envuelve un progresivo aislamiento, un camino en solitario. La soledad hace que el ídolo padezca de manía persecutoria. Y de eso supo mucho Jackson, lo que le llevó en sus últimos años a hacer de su vida un excéntrico espectáculo.
Aquel niño prodigio que inició su andadura a los cinco años, que con doce años ya era una estrella de la música y con veinte tenía un Grammy entre sus manos, aquel que se convirtió en el rey del pop ya es leyenda porque lo fácil es elevarlo a la cumbre de la mitomanía.
Michael Jackson siempre será un icono musical. Su repentina muerte ha dejado a sus fans pendientes de una frustrada gira, pero siempre les quedarán temas como ‘Thriller’, que marcaron un antes y un después en la industria discográfica.