| ||||||
1 comentario
Me habÃa propuesto esta semana no hablar de ustedes, pero es que me lo ponen a tiro.
DÃa tras dÃa, semana tras semana, sus actuaciones y declaraciones se convierten en disparate tras disparate. Es que hay que currárselo muy pero que muy bien para llevar al estrado del Congreso y Senado a los esperpentos elegidos por el PP como expertos en diversas materias.
Han transcurrido cuatro años desde que el numerario del Opus Deis, médico y psiquiatra, Aquilino Polaino, que no es un nombre cualquiera, salta a la fama de la mano del PP al ser invitado a la Comisión de Justicia del Senado por este partido para que apoyara su postura acerca del matrimonio y adopción de los homosexuales. Y allà este señor, que entiendo que haya estudiado psiquiatrÃa sólo por el mero hecho de averiguar en que lugar recóndito de la mente humana se transforman las evidencias cientÃficas en convicciones morales y religiosas, además de creérselo y justificarlo, argumenta entre otras lindezas “que las personas con conducta homosexual tienen un padre hostil, distante y alcohólico”, “que la homosexualidad se suscita en los hijos adoptados por gays o lesbianas” o “que los homosexuales podÃan superar totalmente sus problemas”. Eso sÃ, el tratamiento salÃa algo caro. Todo ello sin arrugar el ceño pero ofreciendo la mejor cara de la homofobia. Sin embargo, las personas expertas citadas por el resto de los partidos, expusieron investigaciones y estudios que avalaban el normal desarrollo psicológico y afectivo de los niños y niñas educadas por parejas del mismo sexo, y defendieron el derecho de los menores a ser adoptados por estas familias.
Este fin de semana leyendo El PaÃs, me entero de que el pasado 22 de junio, el experto invitado para el estudio del problema de las drogas a las Cortes por la senadora Salamanca Teresa Cobaleda del PP , el doctor y psiquiatra Coullaut-Valera, que no es un nombre cualquiera, desarrolla la teorÃa de que las mujeres, mientras tienen la regla, desarrollan una violencia equiparable a la violencia de género. Lejos de sonrojarse por semejante barbaridad, añade que “el periodo provoca trastornos gravÃsimos de la terquedad y de la oportunidad” y que “la violencia del macho es terrible porque es violencia de agresividad y fÃsica, pero la violencia de la mujer es relacional”. Acaba el hombre su intervención con la frasecita “estoy encantado de estar aquà y decir estas tonterÃas”, pensando quizás que estaba en un circo por el cúmulo de desatinos, y no en una comisión mixta Congreso-Senado. Detrás de esta manifestación se esconde el mensaje perverso de los hombres que piensan que la violencia contra la mujer se debe a la provocación de ellas.
Me parece una atrocidad comparar la violencia machista criminal con los desajustes hormonales del sÃndrome premenstrual, descrito cientÃficamente y molesto, fundamentalmente, para nosotras.
Desconozco titulares de prensa al estilo “banda de mujeres menstruantes dan palizas a sus maridos”. Sin embargo, los mismos diarios contienen demasiado a menudo noticias de mujeres asesinadas a manos de sus maridos, novios y ex.
La desigualdad es el origen de la violencia contra las mujeres. Si hay una caracterÃstica que defina a un delincuente maltratador, es que considera a la mujer como ser inferior y utiliza la fuerza y los golpes para demostrar su masculinidad y superioridad.
Esta es la realidad. Asà que mejor se dejan de dislates y comienzan a trabajar por la consecución real de la igualdad como desafÃo generacional; apartando a los niños y a las niñas de situaciones de sometimiento, de desigualdad entre géneros y educando en el respeto a la diversidad y en el vÃnculo afectivo basado en la reciprocidad.
Porque que yo sepa, nada de esto tiene que ver con la regla.
14 de Julio de 2009 a las 09:26
Leo, de verdad una alucina. Dices que Aquilino Polaino es psiquiatra, a la vez que del opus dei (verdadera obra de dios en la tierra). Con tales mimbres curriculares, resulta evidente que el citado profesional pasó por la universidad, pero la universidad no pasó por él. Es una contradicción, in términis, ser psiquiatra y ser creyente de una religión a la vez. Por ello, dada la “base intelectual” del interfecto, ni sus palabras valen cientÃficamente, ni merece la pena ahondar en ellas.